Mi marido y yo queremos dar testimonio de la gracia
recibida a través de Juan Pablo II. Escribimos como
pareja, puesto que como tal recibimos la gracia de la
conversión. Contaremos brevemente nuestra historia:
somos Antonella y Massimo, nos casamos el 7 de octubre
de 1989 y no tenemos hijos. Estamos bautizados,
hicimos la primera comunión, nos confirmamos y nos
casamos por la Iglesia; en teoría éramos católicos, y en
la práctica estábamos a mil millas de distancia de Dios
y de la Iglesia. Nuestra vida era difícil, y de ello resultaba
ciertamente muy cómodo culpar a ese “Dios
cruel” que la tomaba con nosotros. Cuando empezaron
a empeorar las condiciones de salud del amado Pontífice,
algo comenzó a cambiar dentro de nosotros. Pasábamos
los días llenos de ansiedad por la suerte del
Santo Padre, y al mismo tiempo cambiábamos nosotros.
El 2 de abril de 2005 a las 21.37, el alma santa
del Papa Wojtyla que regresaba a la casa del Padre
nos tomó de la mano y nos guió, haciéndonos renacer
a una nueva vida. Dios nos dio el don de nuestra Pascua
a través del Via Crucis y de la muerte del amado
Papa. Así hemos vuelto al Padre. ¡Gracias!
porAntonella y Massimo
ne, il
Postulatore, La segreteria, il WebMaster, e i collabotaroei
della rivista