También yo quiero contar la experiencia de fé y
amor que he vivido en la oración a nuestro amadí simo Papa Juan Pablo II. Por ser ortodoxa, escuchaba
los discursos del Papa con algo de distanciamiento,
incluso cuando estaba entre nosotros. Durante
los últimos días de su vida terrestre lo he conocido
mejor, y lo he amado. También después de
su muerte.
Desde aquel abril de 2.005 rezo a menudo a Juan
Pablo II y estoy segura de que escucha siempre mi
oración.
El 2 de abril de 2.006, al año de su muerte, la televisión
dio una película sobre su vida. Aquel día me habían
regalado una entrada para un concierto buenísimo
de un grupo famoso. Rechacé la invitación con algo
de pesar, porque no podía perderme la película sobre
Juan Pablo II. Aunque ya la había visto, todo lo
que trataba de él me emocionaba sinceramente
Al día siguiente, mi mejor amiga –soy madrina de
sus 3 hijas- me llamó llorando: el 2 de abril descubrió
que estaba embarazada de la tercera de sus hijas,
y decía que no había deseado tenerla, porque
tenía demasiado trabajo, no era un embarazo programado...
Intenté convencerla de que la vida era
más importante y pedí al Papa que ayudara a mi
amiga a decidir tener a su hija.
Supe entonces cómo se iba a llamar aquella criatura.
El día en que nació Juana Paula (una niña preciosa)
llegué al hospital media hora después del parto
y vi que mi amiga no estaba bien. Poco después tuvo
una hemorragia y los médicos me hicieron salir
de la habitación 10 minutos, que se me hicieron
eternos. Yo rezaba al Santo Padre y a su Madre la
Virgen, que salvaran a mi amiga. Cuando el médico
salió de la habitación la hemorragia se había detenido,
pero de haber durado más tendrían que haber
vuelto al quirófano. Creo que el Papa escuchó mi
oración y ayudó a la madre de Juana Paula.
El año pasado Juana Paula se bautizó y ahora tiene
19 meses. Cada vez que la llamo por su nombre me
acuerdo de Juan Pablo II y le doy gracias por el nacimiento
de este angelito, por el triunfo de la vida y
del amor.
porCamelia
ne, il
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della rivista